Todos los patitos
se fueron a nadar
y el más chiquitito
se quiso quedar.
Su mamá enfadada
le quiso regañar,
y el pobre patito
se puso a llorar.
Buaaa, buaaa.
Los patitos, en el agua,
meneando la colita
uno a otro, se decían:
¡Ay, qué agua tan fresquita!